La primera vez que vi a John Candy fue en el filme Summer Rental de Carl Reiner (el padre de Rob Reiner). Era una película de 1985, una comedia ligera en donde el actor interpretaba a un controlador de tráfico aéreo que llevaba a su familia de vacaciones. Me llamó la atención sus reacciones, en especial, cuando decenas de personas invadían la casa de playa que arrendaba. Todo era absurdo, pero las rabias y frustraciones de Candy eran inolvidables. Tenía una voz llamativa, era grande y siempre se imponía frente a la cámara. Después lo vi en películas como Splash, Volunteers, Armados y Peligrosos, Spaceballs, Stripes y 1941, pero no fue hasta Planes, Trains & Automobiles (Mejor solo que mal acompañado) el momento en que deliré gracias a su talento. Tenía una capacidad única para transitar entre la comedia y el drama, y este filme dirigido por John Hughes, uno de los padres del subgénero adolescente estadounidense (Sixteen Candles, El Club de los Cinco), lo convirtió en algo más que un simple actor de comedias.
John Candy era canadiense, un tesoro nacional para su país que gracias a su versatilidad pudo hacerse un nombre en Hollywood, en medio de esa notable camada de intérpretes cómicos forjados desde la primera generación de Saturday Night Live. Me refiero a nombres como Bill Murray, Dan Aykroyd, John Belushi, Chevy Chase, Gilda Radner y Steve Martin. Son los nombres con los cuales crecí en mi infancia producto de una infinidad de películas en VHS que caían en mis manos. Luego, vi a Candy en otros registros como en JFK, en un papel pequeño e inolvidable en Mi Pobre Angelito y en la comedia deportiva Cool Runnings, en donde lo percibí más cansado y sin la chispa de años previos. Al final, llegamos a 1994 y las noticias de todo el mundo se referían a su prematuro fallecimiento con apenas 43 años. Sin embargo, al momento de su muerte se veía más viejo, quizá más sabio luego de toda una vida haciéndonos reír.
El documental I Like Me de Amazon Prime Video nos muestra los orígenes de Candy, su formación como cómico, sus demonios personales y necesidades, y también los excesos que terminaron matándolo. No fue por el abuso de drogas, como en el caso de John Belushi, sino más bien producto de una vida monótona que no estaba dispuesto a transar. Candy fumaba sin parar, era inseguro y pensaba que su gordura era parte de la receta para hacer reír. Al final, lo dio todo por el público y se dejó muy poco para sí mismo. I Like Me, documental dirigido por el actor Colin Hanks (hijo de Tom Hanks, quien colaboró y conoció muy de cerca a Candy en Splash y en Volunteers) nos muestra al protagonista de Uncle Buck como un actor trabajólico y dedicado 100% a su vida artística, pasando por su descubrimiento en el grupo de cómicos The Second City. También era un buen padre, pero al final abordó tantas cosas, las que terminaron quitándole su fuerza. Fue, incluso, copropietario de los Toronto Argonauts, célebre equipo de fútbol americano de la Liga Canadiense de Fútbol (CFL).
I Like Me es la declaración de principios de John Candy, quien se aceptaba a sí mismo públicamente, si bien a nivel íntimo convivía con diversos demonios, entre ellos, el prematuro fallecimiento de su padre antes de los 40 años. Aquel hecho lo dejó sin rumbo, solitario, a la vez que se vio obligado a crecer y madurar antes de tiempo. Lo hizo y prosperó en ello sin culpas y con mucha hambre ante la idea de poder triunfar y trascender. Candy siempre era amable con los demás y el público, pero I Like Me también revela que quizá no fue lo suficientemente generoso consigo mismo. A través de un documentado trabajo de imágenes de archivo podemos adentrarnos en su vida, si bien son los testimonios de sus familiares, hijos, colaboradores y amigos los momentos que más nos revelan ámbitos sobre la personalidad y genio del actor. En algunas escenas del filme podamos ver a Steve Martin y Bill Murray emocionados al recodarlo. La pena que los embarga se mantiene muy vigente después de más de treinta años porque la influencia y huella que dejó John Candy fue gigantesca. Su autenticidad fue lo que brilló en él como actor en cada una de sus películas y, en particular, desde una humildad poco común entre las estrellas de cine.
I Like Me es una experiencia audiovisual muy reveladora. Sin duda, se presenta como un deleite para los admiradores de John Candy, pero también para las nuevas generaciones que crecieron sin saber de él. Considero que su historia, en parte, es la vida del “payaso triste” que usualmente marca ciertas particularidades en la forma de ser de quienes suelen hacer reír. John Belushi, Chris Farley, Richard Pryor y Robin Williams hacían estallar de alegría a masivas audiencias en contraposición a muchos tormentos en vida, tanto físicos como psicológicos. John Candy también los padecía. Sus películas quedan como testimonio de su inagotable genio. Cuando pienso en él recuerdo sus escenas con Steve Martin en Planes, Trains & Automobiles, y curiosamente no me quedo pegado en sus momentos más cómicos, sino más bien en aquellos instantes de absoluta fragilidad y dramatismo.
Título original: I like Me / Director: Colin Hanks / Año: 2025.




