Frustración, rabia y la sensación de estar remando contra el mundo son algunos de los estados emocionales de Luca (Luis Gnecco), quien es el dueño de La Fuente, histórica fuente de soda que en medio de los días posteriores al Estallido Social de octubre de 2019 busca sobrevivir en medio de la tiranía de un lumpen dispuesto a destruirlo todo. El filme más allá de estar inspirado en los hechos reales que afectaron a Carlo Siri, el propietario de “La Antigua Fuente” -ex Fuente Alemana-, es un relato que habla de injusticia y de la destrucción de la civilidad de la sociedad chilena.
La apuesta cinematográfica del cineasta Daniel Vivanco despierta pasiones. Esto porque hay un sector de la sociedad que aún valora el Estallido Social como una reacción frente a las injusticias y el cansancio de un pueblo usualmente rezagado en oportunidades y posibilidades. Sin embargo, y más allá de aquella mirada, la película se atreve a relatar otro punto de vista, el de las personas que en medio de la destrucción poco o nada tenían que ver con todo este movimiento y que, en medio de protestas, lanzamientos de bombas molotov y la destrucción de la propiedad tanto privada como pública, perdieron mucho. La historia de La Fuente nos muestra el punto de vista de personas que fueron despojadas de sus fuentes de trabajo, de los lugares en donde vivían y también la vulneración de la sanidad mental de familias sometidas a la violencia para la reivindicación de derechos sociales.
Es cierto que el Estallido Social de 2019 y los meses posteriores fueron una manifestación de rabias contenidas, un malestar que fue sumando diversos factores, pero a la sociedad chilena, y en particular a la latinoamericana, usualmente se le olvida algo que es muy básico de nuestra convivencia social. Me refiero a los derechos y deberes. Para muchos, lo acontecido en aquel momento de nuestra historia estará siempre clasificado como un hecho casi “romántico”, en torno a la denominada “lucha social”. Ahora bien, para otros todo quedará como un testimonio de la destrucción de la civilidad, la polarización sin sentido y la transgresión violenta de la también conocida “paz social”.
La Fuente tiene momentos muy bien logrados, con pocos recursos, que se sustentan en la pericia de su director en torno al registro de los contextos más álgidos del Estallido Social, y que son incorporados como elementos propios del género documental en medio de la rabia del personaje que interpreta Luis Gnecco. Es imposible que el vandalismo que vemos en pantalla no conmueva a los espectadores y parece algo impensado su defensa, lo que sería una reacción más propia de un adoctrinamiento ideológico caprichoso y sin fundamento. Luca es un hombre acomodado, pero también esforzado desde un negocio familiar que es su pasión y parte de su identidad. El escenario que enfrenta le quita algo que es muy personal, a la vez que le restriega en su cara un sinfín de amenazas produciendo un estado de violencia y de tensión que en ocasiones es totalmente inabordable. Quizá lo más triste del filme es ver cómo este hombre pareciera ser que todo el tiempo rema solo, con una señora burguesa y una hija que expresa la fascinación por las modas y cantos de sirena. Las mujeres que rodean a Luca pecan de una absoluta falta de solidaridad, mientras que él busca contener su frustración por medio de prácticas orientales que hablan del zen, honor y mucho tesón. Sin embargo, ningún tipo de reflexión supraterrenal evitará que este hombre también estalle porque al final estamos ante un ser humano que refugia su último atisbo de individualidad y alegría en el trabajo que tanto ama y que por generaciones ha sido parte de su familia.
La Fuente en ocasiones expresa un cierto tufillo de telefilme que acerca a la película hacia momentos audiovisuales convencionales, con un cierto abuso de efectos especiales. Aun así, la apuesta audiovisual de Daniel Vivanco se posiciona como una de las mejores películas chilenas del año, de la cual se valora su valentía. El mismo cineasta lo ha dicho en varias oportunidades, en relación con que nadie del Gobierno hubiese estado dispuesto a financiar un proyecto que mostraba el lado menos amable de las preocupaciones sociales. Al final, tuvo que recurrir al crowdfunding, es decir, la única manera de costear su apuesta cinematográfica. Esto demuestra la polarización política y, en cierto grado, la inmadurez social al momento de apostar por proyectos fílmicos. Pareciera ser que si no opinas de cierta forma, nunca tendrás la posibilidad de estrenar un filme. Es aquí donde también están los mensajes que sustentan La Fuente, es decir, una suerte de violencia pasiva al momento de decidir qué proyectos cinematográficos merecen o no la venia del Estado y de las de autoridades culturales para constituirse como una realidad.
Es muy probable que algunos usuarios consideren la presente crítica como algo inapropiado, mientras que otros estarán de acuerdo con las verdades que se exponen en La Fuente. Lo cierto, más allá de las diferencias de opinión, es que la propuesta audiovisual de Daniel Vivanco expone un punto de vista que es real y totalmente válido. Desde otra perspectiva, pareciera ser que en nuestra sociedad casi no existen verdades, sino más bien una cómoda versión subjetiva de los hechos. La Fuente expone, como hace tiempo no lo hacía un filme chileno, una arbitrariedad cansina y muy vacua sobre qué es verdad o no en nuestra vida diaria. Luis Gnecco fue muy valiente al asumir el protagónico de La Fuente, logrando una actuación contenida en torno a un hombre que ya no puede más y que está totalmente extenuado de tanto remar sólo, al igual que muchos chilenos por diversos motivos y contextos.
Título original: La Fuente / Director: Daniel Vivanco / Intérpretes: Luis Gnecco, Patricio Achurra, Roberto Farías, Francisco Pérez-Bannen, Manuela Oyarzún, Paola Giannini, Oscar Hernández, Josefa Quiroz y Amanda Pedroso / Año: 2025.




