Hace algunos años publiqué una crítica sobre La Novena Configuración, filme de William Peter Blatty, quien también es conocido por ser el autor de El Exorcista (William Friedkin, 1973). Lo cierto es que Blatty tuvo una carrera corta, pero también muy interesante como cineasta. No dirigió mucho, pero se podría decir que sus dos filmes hoy son considerados material audiovisual de culto. La Novena Configuración es una de las películas más alucinantes de los años 80, en especial por una trama que involucraba a veteranos de la Guerra de Vietnam encerrados en un castillo medieval, en donde eran sometidos a terapias de diverso tipo. Es una obra que se sustenta en dosis de comedia y terror, y de instantes de absoluto absurdo. Además, incluye algunas imágenes muy perturbadoras, siendo una de ellas de la un astronauta frente a la imagen de Cristo crucificado.
En esta oportunidad quiero profundizar en El Exorcista III, filme que se basa en la novela Legion de Peter Blatty y que adaptó al cine. La historia se centra en el detective Kinderman (George C. Scott), quien investiga cruentos asesinatos en Georgetown, Washington D.C. Una fuerza misteriosa está al acecho, a la vez que conduce a Kinderman hacia una unidad hospitalaria de pacientes con diversos trastornos mentales. En dicho lugar cree haber encontrado al probable asesino, cuyo rostro recuerda a otro homicida en serie llamado Gemini (un soberbio Brad Dourif) y también al padre Karras (Jason Miller), quien falleció al final de los incidentes ocurridos en El Exorcista de 1973.
El Exorcista III fue parte de una producción compleja, con extensas discusiones entre William Peter Blatty y Warner Brothers, estudio que quería que su novela Legion se vinculara con la famosa franquicia. Sin embargo, el objetivo de Blatty era otro, ya que Legion no incluía exorcismos. Era otro planteamiento, si bien al final tuvo que obedecer el mandato del estudio que lo financiaba. Lamentablemente, los cambios en el guion se dieron en medio de la producción del filme, lo que en cierta forma tiene que ver mucho con el resultado que vemos en pantalla. El Exorcista III es una película mucho más contemplativa que sus antecesoras. Es una historia detectivesca, pero también con varios simbolismos en torno a la religión y también con escenas surrealistas como aquella en la que vemos el cielo, sus ángeles y seres humanos en tránsito, como si fuese una estación de trenes. También es una obra con algunos sustos muy logrados, en especial la escena de una enfermera a la que le cortan la cabeza. Este es un momento de antología que se suma a otros de absoluta perplejidad. Es un tipo de terror reposado, a la vez que como espectadores nos preguntamos acerca del mal, sus ramificaciones y poder. El filme se empeña en mostrarnos otra realidad, más antigua a la humana, que está presente en calles, rincones y escaleras, y que también acecha en iglesias. William Peter Blatty nos plantea un mundo que a veces se desborda de maldad y sufrimiento.
El Exorcista III tiene grandes momentos, los que lamentablemente se pierden con el show efectista de sus últimas escenas, algo en que Blatty no estaba de acuerdo. Causa perplejidad ver a un reputado actor shakesperiano como Nicol Williamson en medio de un exorcismo (quizá es el rol más desaprovechado del filme). Aun así, la película produce una cierta inquietud que es permanente. Desde nuestro rol de espectadores somos los ojos del detective Kinderman. Nos sentimos identificados por su escepticismo, si bien al final nos convertimos en creyentes temerosos de las fuerzas que nos rodean y que a veces escogen a sus víctimas sin razón aparente. Es la maldad imposible de contener, la que flagela tantos a santos como pecadores.
A través de nuevas ediciones en blu ray y en formato 4K podemos acercarnos a la concepción original que tenía William Peter Blatty de Legion. Es una pena que no hubiese dirigido más películas porque tanto El Exorcista III como La Novena Configuración nos muestra un cine que escondía, sin duda, a un autor cinematográfico en ciernes. Ambas películas son perturbadoras, especiales y evocan un sentido de angustia que todavía me es difícil de definir. Reconozco que con cada revisionado de El Exorcista III descubro nuevos elementos. El Exorcista de William Friedkin fue una obra maestra en cuanto a la ejecución del horror en el cine, sus momentos y silencios, y también de sus intensas escenas. El Exorcista II, El Hereje siempre será la más vilipendiada de la trilogía original, más aún por su director John Boorman, un gran cineasta que trastabilló con dicha obra. A pesar de ser el autor de Deliverance y de Point Blank, su versión de El Exorcista tiene algunos elementos interesantes y propios de cierta psicodelia de los años 70. En cuanto a la tercera entrega, El Exorcista III de William Peter Blatty, estamos ante una sugerente experiencia audiovisual y cuyas faltas pueden ser pasadas por alto. Esto porque en su conjunto es un filme muy atrevido, con ideas nuevas y que trató de doblarle la mano a un estudio como Warner Brothers en su época. Blatty falleció en 2017, pero están sus dos obras como cineasta para revalorizar sus propuestas audiovisuales, así como su concepción única de un mundo sufriente, loco y con innegable maldad.
Título original: El Exorcista III (El Exorcista III Legion) / Director: William Peter Blatty / Intérpretes: George C. Scott, Ed Flanders, Jason Miller, Scott Wilson, Brad Dourif, Nicol Williamson, George DiCenzo, Don Gordon, Nancy Fish y Lee Richardson / Año: 1990.




