No saber quién es el que está a tu lado puede ser el peor de los miedos. El terror toma forma y anida en la interioridad del ser humano. Devora al hombre, lo consume y al final lo destruye. The Thing habla de nuestros más profundos temores. Su director, el legendario John Carpenter, retoma la idea de una fuerza desconocida, pero que en esta oportunidad se esconde y ataca desde el interior.

En Hallowen el terreno de la maldad, en este caso de Michael Myers, era un oscuro vecindario. Después vino The Fog (La Niebla), donde los habitantes de Bahía Antonio debían enfrentar a una banda de leprosos fantasmas, cuya maldición los confinaba a una espesa y letal neblina. The Thing va más lejos, ya que el escenario se reduce a una base de investigación estadounidense en la Antártida. Es aquí, en los gélidos paisajes del Polo Sur, el espacio en que un equipo de científicos deberá preservar los últimos trazos de humanidad contra una fuerza asesina de origen extraterrestre, cuya principal arma es su capacidad para imitar y asimilar cualquier forma de vida, desde un perro hasta un ser humano.

Carpenter siempre ha utilizado en su filmografía al terror como una fuerza indómita, la que determina a todos los personajes de sus filmes, quienes son conducidos por una suerte de fatalismo que dista de finales felices y soluciones redentorias. Además, los protagonistas que populan en la filmografía del director de Christine suelen ser antihéroes, herederos del mejor western de Howard Hawks, los que suelen ser cínicos y alejados del gusto masivo del público.

En The Thing el rol principal está a cargo de Kurt Russell (actor fetiche de Carpenter), quien interpreta a McReady, un piloto que comparte ciertas cualidades que lo asemejan a los antihéroes de las cintas de John Ford. El mismo Carpenter ha revelado en más de una oportunidad su predilección por los westerns. De esta afición se puede entender la virilidad y aquella sensación de duelo y de confrontación, entre el bien y el mal, al final de cada uno de sus filmes. Pero el mal en el cine carpenteriano suele salir victorioso.


En The Thing nunca vemos cuál es la verdadera apariencia de la identidad extraterrestre. Sólo se exhiben trazos que permiten intuir y construir en la mente del espectador el rostro genuino del terror. En dicha característica descansa el ley motiv de la obra de Carpenter, la que se ampara de algunos elementos hitchkoneanos, entre ellos, el principio acción-reacción que logra representarse adecuadamente en las miradas de los protagonistas, que ven como lo desconocido es casi imposible de atrapar. Cualquier persona que se interiorice en este filme se podrá dar cuenta de que el pesimismo marca el ritmo de la historia. A los 20 minutos de The Thing se intuye irremediablemente que varias muertes se aproximan y que el destino de la base polar no es otro que su destrucción total. Por ejemplo, la escena final de esta película podría considerarse casi una herejía en el cine de hoy, ya que lamentablemente representa un estilo narrativo actualmente olvidado, pero que para suerte de los cinéfilos fue una característica del cine de los ochenta en cintas como Videodrome (de David Cronenberg) y Blow Up (de Brian De Palma).


Han pasado 35 años desde el estreno de The Thing. Era el verano del año 1982 y los críticos estaban cansados de ver monstruos provenientes del espacio. Quizá de no ser por el espíritu dulzón de cintas como E.T, El Extraterrestre (Steven Spielberg), The Thing hubiese tenido mejor suerte tanto con la crítica como en la taquilla. Sin embargo, la versión de Carpenter (remake considerablemente superior a la dirigida por Howard Hanks y Christian Nyby) ha recobrado fuerza con los años. Hoy se empina como una obra vigente y de culto, y los mismos críticos que la despreciaron en su tiempo ahora la defienden como una de las mejores películas de ciencia ficción que se han realizado. Mención aparte merece el impresionante trabajo de maquillaje a cargo de Rob Bottin (The Howling).

Si me obligaran a escoger 10 filmes claves del cine americano uno de ellos sería The Thing, obra que demuestra el talento de Carpenter para retratar a personajes hacinados, ya sea por fuerzas externas o por su propia locura. Es una de las obras que mejor retrató la desconfianza en un periodo en el que el pueblo estadounidense estaba en constante tensión. Primero, por el conservadurismo de Ronald Reagan en medio de la Guerra Fría; segundo, por cuestionamientos hacia la exacerbación comercial y, tercero, por el desarrollo de una política exterior proteccionista en medio de titulares de aerolíneas aéreas secuestradas y atentados contra el Papa, occidente y sus diferentes símbolos. The Thing muestra que casi ningún alma humana es confiable. Constantemente imitamos al resto y mentimos sobre lo que pensamos, lo que somos y lo que deseamos. Carpenter lo tenía muy claro en aquel verano de 1982.

Título: The Thing (El Enigma de otro Mundo / La Cosa) / Director: John Carpenter / Fotografía: Dean Cundey / Música: Ennio Morricone / Intépretes: Kurt Russell, Wilford Brimley, Keith David y Donald Moffat /Año: 1982