He trabajado por casi 15 años en comunicaciones corporativas, asesorando a empresas y organizaciones de diverso tamaño. La experiencia ha sido positiva y desafiante, en especial, por situaciones que se han vinculado al trabajo en temas de crisis, vocería y gestión de medios. Sin embargo, detrás de lo bueno he visto momentos extremadamente bizarros producto de la falta de criterio, de la obsesión por aplicar acciones absurdas y por haber conocido a personas que a pesar de los estudios y postgrados en prestigiosas universidades no tienen idea sobre cómo tratar al prójimo. Incluso, les importa un bledo si una acción comunicacional vulnera o no el bienestar de trabajadores, colaboradores y clientes.

La falta de criterio y el esnobismo en el mundo empresarial es una verdad innegable. Gente que he conocido se llena la boca con discursos grandilocuentes, pero al final poco o nada saben qué significa comunicar o hacerlo bien. The Square se desarrolla en el ámbito del arte, de la conservación, los museos, la apariencia y las exposiciones artísticas de avanzada, y al igual que en el mundo corporativo suceden situaciones estrafalarias y acciones que producen vergüenza ajena. El protagonista es Christian (un soberbio Claes Bang), curador de un museo de arte moderno, en donde abundan las instalaciones sobre la expresión y la no expresión. El director sueco Ruben Östlund desarrolla una sátira sobre el medio artístico, los personajes que cohabitan en dicho espacio y una crítica directa a una sociedad que busca la igualdad y la expresión social a través del arte, pero en forma errática y sin sentido.

Christian dirige un museo que está de moda y que es financiado por donaciones de gente de edad y con mucho dinero, la que usualmente cree que está realizando un aporte, un acto trascendental para la sociedad. Es un curador que habla bonito, que prepara sus discursos adornados con un metalenguaje que aparenta profundidad, si bien se trata de un relato superfluo y fraudulento. Christian promueve el arte hecho por todos y para todos, pero no es más que un hombre con prejuicios, materialista, con miedo y descuidado. Un robo a sus preciadas posesiones gatilla una serie de situaciones que lo obligan a comportarse como un hombre desorientado que utiliza el poder y su posición social para hacer lo que desea, a veces sin considerar las consecuencias.

Ruben Östlund muestra abiertamente la irresponsabilidad de un sujeto que se refugia en el arte para sentirse especial y respetado. No es una mala persona, pero está desenfocado. Se trata de un sujeto que vive en permanente desatención hacia los demás. Es así que el “arte conceptual” encerrado en las paredes del museo que representa también es lejano, una simple novedad que intenta romper con paradigmas y convencionalismos, pero que debajo del brillo y la extrañeza no es más que una acción vacía.

El cine de Östlund desnuda como pocos el tema de las faltas del ser humano, sus pequeñeces que surgen en momentos en que las personas suelen ser puestas a prueba. En Fuerza Mayor realizó un filme clave sobre la cobardía del ser humano al interior del núcleo familiar, con la figura de un padre al que se le cuestiona su rol como hombre, esposo y ser moral. En The Square la falta de moralidad, tino y buen gusto es sobrecogedora. Östlund se arriesga aún más porque profundiza en torno a la idea del arte, de la performance artística desde el terreno de la incomodidad, para plantear qué sucede con éste cuando sobrepasa el buen gusto para transformarse en una expresión violenta y sin sentido.

En The Square la escena de un video publicitario sobre una próxima instalación artística produce carcajadas, incomoda y resulta ser una mera provocación. Entonces, nos preguntamos como espectadores qué es el arte y su verdadera función. Con el auge imparable de las redes sociales es común ver en el ámbito artístico una permanente necesidad de innovar, de mostrar lo más nuevo aún si aquello te revienta en la cara. Hace algunos años la actriz Tilda Swinton pudo ser vista durmiendo en una caja de cristal en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Un ejemplo más cercano fue la instalación de peces en licuadoras en el Museo de Arte Contemporáneo, idea del artista chileno radicado en Dinamarca, Marco Evarestti. Es indudable que estos ejemplos nos producen algo como personas, ya sea sorpresa, admiración o simple rechazo. Pero la pregunta es si estas instalaciones pueden ser consideradas una expresión artística o no.

El filme de Östlund tensiona estas percepciones, a la vez que interpela a los espectadores. Basta con recordar las veces en las que nos hemos impresionado por manifestaciones que creemos que son arte. Volviendo a Fuerza Mayor, también nos podemos cuestionar sobre las ocasiones en que hemos sido negligentes a nivel moral con nuestros seres queridos o colegas de trabajo.

Östlund se burla de todos, de las ideas creativas de los millennials, de las personas que son fanáticas de los museos y sus exposiciones, de quienes financian esta suerte de palacios culturales, y de la desconexión social entre personas con más recursos e inmigrantes sin dinero que apenas subsisten en la pobreza.

Al inicio de esta crítica vinculé a The Square con mis experiencias como comunicador desde el terreno de las empresas. Lamento ser autorreferente y si esto molesta a mis lectores, pero mis comentarios personales fueron inevitables porque situaciones como las que retrata el filme de Östlund no son tan lejanas.

The Square es un filme esencial para nuestros tiempos, ya que habla de un ser humano desconfiado, prejuicioso y profundamente ignorante, independiente de cuantas obras de arte conoce o ha visto. El filme tiene momentos alucinantes, siendo uno de ellos la performance de un hombre que se sale de control en una cena entre los líderes del museo y sus potenciales financistas. En medio de la opulencia, personifica a un ser humano en estado salvaje, primitivo y violento, y que además violenta a los asistentes. Es el momento en que el arte incomoda por incomodar y traspasa barreras, a la vez que rebela el salvajismo de todos nosotros. Es un ejercicio peligroso, crítico y morboso porque también como espectadores disfrutamos al verlo y sentirlo. Östlund es un cineasta formidable que busca cuestionar al espectador, a la vez que demuestra un innegable conocimiento sobre el cine en encuadres en los que se pueden identificar influencias como el Ciudadano Kane de Orson Welles y el voyerismo de Alfred Hitchcock. The Square es una experiencia para ver en la sala de cine, el lugar preciso para dimensionar su grandeza, crítica y tremenda honestidad.

Título original: The Square / Director: Ruben Östlund / Intérpretes: Claes Bang, Elisabeth Moss, Dominic West y Terry Notary / Año: 2017.