Recuerdo a fines de los años 90 cuando en el cable se podían ver programas de lucha libre, con personajes muy pintorescos como Triple H, The Undertaken y Steve Austin. Con mis amigos nos llamaba la atención las coreografías, el fanatismo del público y, en especial, los comentaristas latinos que exageraban situaciones, conflictos y peleas entre quienes estaban tanto adentro como afuera del ring. Sin embargo, nunca fuimos fanáticos, pero sí identificábamos a los luchadores, a la vez que nos llamaba la atención Mr. McMahon, personaje que se vestía como un gran ejecutivo y que además se alzaba entre todos los demás como el más absoluto villano.

Décadas más tarde me encuentro con el adictivo documental de Netflix “Vince McMahon: El Titán de la WWE”, cuya historia se centra en el auge y caída del empresario Vincent Kennedy McMahon. Este hombre seguro, gritón, intenso, de caminar muy particular y más grande que la vida misma, comenzó su imperio empresarial bajo la sombra de su padre, quien era un destacado promotor de la lucha libre profesional. En los años ochenta lo vemos como comentarista y también creando y formando algunos de los más famosos luchadores de la época, siendo el principal de ellos el famoso Hulk Hogan.

El documental del cineasta Chris Smith no es sólo la historia de Vince McMahon, sino más bien una representación de la cultura popular estadounidense en torno al fenómeno social de la lucha libre. Estamos ante el epítome de las audiencias de consumo masivo, en torno a espectáculos exagerados que se presentan como un catalizador de la violencia inherente a todas las personas. La lucha libre es la vía de escape para gritar, vulgarizar y socializar un estilo de vida con menos sofisticación y abrumadoramente fascinante por sus personajes, por las historias que nos presentan. En el filme vemos entrevistas a personajes como Dwayne Johnson “La Roca” y John Cena, quienes relatan cuáles son los códigos de la WWE y los temperamentos necesarios para subsistir.

Vince McMahon fue el promotor más famoso de los últimos 40 años y detrás de sus excesos, líneas argumentativas exageradas y de mal gusto en sus espectáculos, logró cimentar un imperio comunicacional y de entretenimiento millonario, y que además llegó a cotizar en Wall Street. Lo interesante de la World Wrestling Entertainment (WWE) es el “pan y circo” que ofreció durante años de la mano de McMahon hasta el punto de involucrar a toda su familia en historias, momentos y contextos que en el documental de Smith son absolutamente demenciales.

Vince McMahon introdujo a sus hijos en este imperio mediático en torno a historias que mostraban engaños maritales, muertes fingidas y una escalada de absurdos que se superaban uno al otro durante cada transmisión de la WWE y sus eventos anuales conocidos como WrestleMania, un gran espectáculo seudo deportivo que incluyó a otros exponentes de la música, cultura, cine y política de Estados Unidos. En el filme el rating era el gran mandante y McMahon siempre estuvo dispuesto a hacer de todo para proteger el legado de su empresa. El mal gusto, los abusos, el consumo de esteroides, el desprecio y humillación tanto hacia hombres como mujeres, junto con la exaltación verbal y violenta de las pasiones humanas, era su ámbito de acción. Incluso, creó al personaje de Mr. McMahon, una versión más extrema de su propia personalidad y al que le deba lo mismo luchar, destruirse en el ring, denostar a sus hijos y vociferar contra todos, incluyendo rencillas con el actual Presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Los espectáculos de la WWE podrían ser considerados casi como una extensión o más bien un modelamiento del carácter y personalidad del mandatario estadounidense y de la sociedad que lo rodea.

Pocas veces realmente me asombro de las cosas que veo en cine y televisión porque entiendo que a través de la imagen y la conformación de historias todo es posible. Sin embargo, con el documental “Vince McMahon: El Titán de la WWE” quedé estupefacto ante el desarrollo de una cultura empresarial totalmente trastocada y en donde se permitía el abuso de miembros y de algunos luchadores que fallecían antes de los 45 años. Ausencia de medidas de seguridad, turnos de trabajo excesivos, violencia verbal y física, y la pérdida de los valores sociales y, en particular, los familiares eran parte del modelo de la WWE. De alguna forma, esta organización hasta hoy simboliza la esencia de Estados Unidos, con sus libertades bien ganadas, pero también con excesos que nunca fueron controlados. El mismísimo Vince McMahon fue sometido al escrutinio público a partir de diversas fechorías y abusos sexuales, y que hoy, con casi 80 años, lo sitúan como un personaje extraño y manipulador. Todo lo hizo por su empresa, si bien no consideró ningún tipo de límites.

“Vince McMahon: El Titán de la WWE” es uno de los documentales más llamativos y representativos de la sociedad mediática estadounidense disponibles en Netflix. Por medio de seis entretenidos e insólitos capítulos, podemos echar una profunda mirada sobre uno de los hombres y empresarios más carismáticos del mundo moderno, a la vez que es un claro ejemplo de cómo las culturas organizaciones a veces están prisioneras de códigos que finalmente olvidan cualquier atisbo de humanidad y sentido común, por más entretenido y adictivo que sea el espectáculo y producto que comercializan.

Título original: Mr. McMahon (Vince McMahon: El Titán de la WWE) / Director: Chris Smith / Año: 2024.