Vi en pantalla grande el último filme de Paul Thomas Anderson hace algunos días. No quise escribir una crítica saliendo del cine, en especial porque me embargó una efervescencia por esta película que bien podría decantarse en los siguientes días. Es interesante ver cómo tanto influencer -y no críticos de cine- hablan y hablan de esta obra como lo mejor del año. Se podría decir que es la infoxicación de las redes sociales, algo que también está disfrazado de campañas de marketing. Tengo claro que muchos de estos influencers sólo buscan followers a diestra y siniestra junto con querer registrarlo todo en cámara. En cambio, Espectador Errante sólo busca hablar de cine hacia su selecta comunidad. No hay efectos especiales en videos y frases vacías, sino más bien el objetivo de poder persistir en la crítica de cine como género literario con profundidad y también cautela.
Ahora bien, es innegable que Una Batalla tras Otra es una de las mejores películas estadounidenses del año. También es cierto que Leonardo DiCaprio realiza uno de sus mejores roles, así como Sean Penn consigue inspirarse luego de varios años algo perdido en películas intrascendentes. Pero, ¿qué es Una Batalla tras Otra y cuál es el origen de las sobrerreacciones que ha provocado a su paso? Sin duda, estamos ante un filme que muestra la polarización social actual, en especial de un Estados Unidos que bajo la segunda administración de Donald Trump ha dividido aún más a sus habitantes. Una Batalla tras Otra es la polarización entre movimientos de izquierda y de derecha, entre el control, libertad y libertinaje; y también una mirada hacia la migración y el racismo. DiCaprio interpreta a Bob, un anarquista que junto a Perfidia (Teyana Taylor) busca liberar a los inmigrantes de la opresión social, política y militarizada de personajes como el coronel Steven J. Lockjaw (Sean Penn), quien representa el brazo armado de unos pocos “elegidos” que operan en las sombras y controlan literalmente el país.
Lo cierto es que Una Batalla tras Otra es una manifestación de los movimientos progresistas que alzan banderas de lucha, si bien en sus acciones también recurren a la violencia. En contraposición, tenemos al coronel Lockjaw, un sujeto represivo, con rabia y desesperado por lograr la aceptación de los poderosos que lo controlan. Desde otra perspectiva, hay algo romántico, casi de trinchera, en las motivaciones de un Bob que luego de ser padre de alguna forma se tranquiliza desde el sistema y la inactividad. Sin embargo, ahí está su hija Willa (Chase Infiniti) para tomar el relevo generacional. Paul Thomas Anderson exhibe las contradicciones de cada personaje en el filme, a la vez que los enaltece en cierta medida. Ahora bien, también resulta algo más que anecdótico que Sean Penn represente un rol totalmente ajeno a sus intereses políticos. Recordemos que Penn alguna vez defendió y se relacionó con entusiasmo con el otrora dictador Hugo Chávez de Venezuela. Por ello, siempre es importante comprender quién está detrás del discurso, más aún desde la cómoda vereda hollywodense.
Volviendo a Una Batalla tras Otra, Paul Thomas Anderson continúa explorando nuevas posibilidades a nivel cinematográfico. A veces pienso que PTA se divide en dos partes dentro de su filmografía. La primera con Boogie Nights, Magnolia y Embriagado de Amor; filmes en donde fue más lúdico. Incluso, con historias más cercanas y convencionales. Es difícil no encariñarse con los personajes que creó en dicha etapa. En cambio, su segundo periodo como director, más académico y de ideas más amplias, se inició con Petróleo Sangriento, un análisis sobre el poder desmedido y la ambición. Después vendría The Master, una reflexión sobre un culto inspirado innegablemente en la cienciología; Vicio Propio, un relato detectivesco en clave de comedia negra en los años 70; El Hilo Fantasma, un drama que muestra relaciones amorosas intensas y obsesivas; y Licorice Pizza, una seudobiografía de la infancia de PTA en California.
Una Batalla tras Otra quizá es parte de un nuevo periodo en la filmografía de PTA, a la vez que es un espejo de la sociedad en que vivimos, con secuencias notables como aquella persecución en automóviles en el último tercio del filme y con un sentido del ritmo que es casi integral al score compuesto por Jonny Greenwood. DiCaprio bien podría ser un pariente lejano de Jeffrey Lebowski, “The Dude”, en El Gran Lebowski. En la película, además, hay una cierta fiereza narrativa, mostrándonos a los espectadores que cualquier personaje de este mundo ultra polarizado lucha una batalla tras otra que finalmente es la imposición, violenta o pacífica, de un punto de vista, de una concepción del mundo, ya sea errónea o acertada. Una Batalla tras Otra es la sociedad en colisión en donde ciertos círculos continuarán ejerciendo poder, mientras que otros buscan perseverar en sus ideas de cambio. Lo cierto es que al final todos somos parte de una sociedad caricaturizada desde intereses, motivaciones y anhelos. El último filme de PTA es un mundo en permanente choque y una reflexión sobre los tumultuosos tiempos en los que vivimos. Como espectadores, cada uno se sentirá más cercano o no a algunos de los polos descritos, pero más allá de aquella sensación, percepción o sentimiento; no podemos negar que somos parte de un mundo cada vez más confundido, absurdo y violento, es decir, los elementos esenciales para una notable sátira de casi tres horas que se pasan volando.
Título original: Una Batalla tras Otra (One Battle after Another) / Director: Paul Thomas Anderson / Intérpretes: Leonardo DiCaprio, Sean Penn, Benicio Del Toro, Regina hall, Teyana Taylor, Alana Haim y Chase Infiniti / Año: 2025.




