Para muchos cinéfilos Helen Slater siempre será Supergirl, aquel experimento fallido de 1984 que buscaba crear un homólogo en versión mujer de Superman. Lo cierto es que Slater encarnó con gracia y naturalidad a la heroína con capa roja y traje azul. Sin embargo, el filme no produjo mayor impacto producto de una trama bastante sosa, efectos especiales cuestionables y una némesis en la figura de Faye Dunaway que no causaba miedo, sino más bien perplejidad y un absoluto sentido del absurdo. Reconozco que el filme, visto con distancia, ha envejecido bastante mal. Es una obra cutre que roza el cine B, pero que continúa produciendo interés por una sencilla razón: la hermosa y única Helen Slater, quien puso corazón y mucha dedicación al trabajo y desafío que tenía por delante. Se podría decir que Helen Slater quedó atrapada en este rol, por el cual será asociada toda la vida. Ahora bien, la actriz tuvo otras participaciones interesantes en el cine hollywoodense de los años 80, siendo La Leyenda de Billie Jean uno de sus importantes legados.
Detrás de La Leyenda de Billie Jean está Matthew Robbins un director y guionista que continúa siendo vigente en Estados Unidos, en especial en torno a la figura de Guillermo del Toro (en los guiones de Mimic, La Cumbre Escarlata y Pinocho). La carrera como cineasta de Robbins lo llevó a realizar películas muy distintas unas de otras. Hace algunos años rescatamos en Espectador Errante la notable Dragon Slayer, un filme alucinante con temáticas y estética que le deben mucho al universo de El Señor de los Anillos creado por Peter Jackson. También fue el responsable de la endulcorada Milagro de la Calle Ocho, con ese toque muy a lo Steven Spielberg (no es casualidad que el llamado Rey Midas de Hollywood fuese productor de dicha película). Recuerdo cuando era niño y la obsesión que sentía por este filme familiar de corazón noble con el carisma de la icónica pareja conformada por Hume Cronyn y Jessica Tandy. Casi me sé el filme de memoria, en especial aquellas alucinantes escenas con efectos especiales de diversos robots extraterrestres, siempre amables y con más humanidad que los propios seres humanos.
La Leyenda de Billie Jean (1985) fue una de las películas más osadas de Matthew Robbins, ya que abordó temáticas relacionadas con el empoderamiento femenino en medio de una época que hablaba usualmente de excesos y superficialidades. En el filme, Helen Slater es Billie Jean, una hermosa joven a cuyo hermano (un quinceañero Christian Slater) le roban y destrozan su querida moto scooter. Jean busca defender a su hermano, pero finalmente acaba siendo abusada por un detestable Richard Bradford, para luego escapar de una situación que la posiciona como una rebelde forajida. En torno a ella se produce un circo mediático, la persecución de la policía y el interés de muchos jóvenes que se sienten representados por el espíritu rebelde y el carisma de Billie Jean. Es cierto que el filme a veces se presenta como una historia absurda y algo torpe en la resolución de sus escenas, si bien en la figura de Helen Slater está presente una fuerza contestaria que la hace aún más atractiva. Es la voz de toda una juventud desacoplada de sus padres y, en cierta forma, del american way of life. Simboliza también los ecos juveniles de los años ochenta, cuya televisión y los medios de prensa terminan creando íconos que finalmente también se comercializan desde una perspectiva banal y pasajera.
Helen Slater es Billie Jean en su fuerza y astucia. No es sólo una cara y cuerpo bonito, sino más bien una Juana de Arco que busca defender su identidad, la de sus pares y la justicia, y lo que es correcto como valor perdido de la sociedad estadounidense. La canción de fondo, parte de la banda sonora creado especialmente para la película, es Invincible de Pat Benater, uno de los íconos del empoderamiento femenino de los años ochenta. Billie Jean se presenta como una mujer absolutamente invencible capaz de derribar a su abusador desde la vereda de la autenticidad. Es consciente del círculo mediático que se crea a su alrededor, a la vez que deja claro algo más profundo que corresponde a la capacidad de defendernos ante situaciones moralmente objetables. No se justifica por ser una mujer joven, sino más bien es un ser humano que consigue imponerse ante la sociedad de la época, más allá de una mera disculpa.
Reconozco que es imposible no enamorarse de Billie Jean, de su carisma y valentía. En todo momento sentí una absoluta fascinación por este personaje y, por ello, lamento que la calidad del filme no le hiciera mayor justicia. Ahora bien, la Leyenda de Billie Jean se ve como aquellas joyas poco conocidas del cine de los años ochenta. Sin duda, estamos ante una obra de culto, más allá de sus aciertos y faltas, siendo una de ellas la poca profundidad de los personajes que representan Christian Slater y de Keith Gordon (Christine). A pesar de estos bemoles, la película en torno a Helen Slater produce una fascinación difícil de olvidar, con efectos narrativos que recuerdan otras películas como la esencial Smooth Talk con una joven Laura Dern y un perturbador Treat Williams, en el mismo año de 1985. Helen Slater siempre estará asociada al interés romántico de Michael J. Fox en El Secreto de su Éxito, la belleza casi intocable de City Slickers, la eterna Supergirl y, sobre todo, la enorme e intensa Billie Jean. Como actriz no pudo elevarse al panteón de otras intérpretes como Julia Roberts y Demi Moore, pero los filmes en lo que participó quedan y, desde otro punto de vista, sí logro ser La Leyenda de Billie Jean.
Título original: The Legend of Billie Jean (La Leyenda de Billie Jean) / Director: Matthew Robbins / Intérpretes: Helen Slater, Christian Slayer, Keith Gordon, Richard Brandford y Peter Coyote / Año: 1985.




