El último filme de Ryan Gosling es una bocanada de aire fresco para las superproducciones hollywoodenses, cuyo agotamiento en ideas, recursos y fórmulas son realidades palpables para una industria que experimenta tiempos complejos, en especial por la falta de interés de acudir a las salas de cine. Tal como lo fue Maverick hace algunos años, Proyecto Fin del Mundo ha logrado reencantar a las audiencias en torno a una historia que habla de la amistad, la humanidad y la búsqueda de sentido. En el filme, Ryan Gosling interpreta a Grace, un profesor y científico solitario que inspira a sus alumnos a través de la ciencia y su rol en todo lo que hacemos. Su vida, simple y anónima, experimentará un punto de inflexión de la mano de Eva Stratt (Sandra Hüller), quien tiene la misión de salvar la tierra ante un sol que está enfriándose producto de unas bacterias que se mueven por todo el espacio.
Proyecto Fin del Mundo es ciencia ficción creíble y bien argumentada (como lo fue también Interestelar de Christopher Nolan), pero más allá de las teorías y la ciencia, el filme rebosa alma y, sobre todo, propósito. Los cineastas Phil Lord y Christopher Miller ya en 2014 habían demostrado sus capacidades con La Gran Aventura Lego, con una historia que destacaba por su originalidad, ritmo y su enorme humanidad de parte de sus personajes. En Proyecto Fin del Mundo adaptan al cine el libro Project Hail Mary de Andy Weir junto al guionista Drew Goddard, quien antes ya había trabajado los mundos del célebre escritor en Misión Rescate (Misión Rescate de Ridley Scott). Dicha integración de talentos da como resultado una obra que nos absorbe por el desarrollo del personaje de Grace, un hombre que no buscaba ser un héroe y menos un salvador de la humanidad, si bien su sentido del deber lo conduce a los momentos más importantes de su vida. A ello se suma el contacto con Rocky, el nombre que definió para su nuevo amigo extraterrestre. Ambos personajes están solos ante el tremendo peso cognitivo, social y personal de conseguir preservar la vida de sus respectivas civilizaciones. Están en una carrera contra el tiempo, si bien la suma de sus personalidades será la respuesta para alcanzar un milagro.
Ryan Gosling es uno de los mejores intérpretes de la actualidad y en Proyecto Fin del Mundo realiza una de sus actuaciones más intensas. Su complicidad con Rocky demuestra sus capacidades como actor. La química entre ambos personajes es el corazón del filme, así como el propósito que está en juego. El filme emociona, pero sin recurrir a cursilerías. Es honesto evidenciando que la vida tiene un sentido final que es la preservación de nuestra especie. En la película hay escenas reveladoras, siendo una de las más conmovedoras cuando el personaje de Eva Stratt se suma a un karaoke con la canción “Sign of the Times” de Harry Styles. Aquel momento y cada frase de la balada sintetizan el punto de inflexión de la humanidad, nuestro rol en ella y el despojo total de la individualidad en beneficio de un bien mayor y trascendental. Lo mismo sucede cuando se escucha en pantalla la canción «Gracias a la Vida» interpretada por Mercedes Sosa, un emocionante guiño a la vida y al patrimonio cultural que tenemos todos.
Proyecto Fin del Mundo demuestra que a pesar de que todo esté en contra de nosotros y en contra de las probabilidades, hay algo que es capaz de dar vuelta la mesa. Aquello es el espíritu de superación y de exploración del ser humano, un instinto que ha atravesado todos los momentos de nuestra historia. Es lo que nos define como especie. El filme nos enseña que la soledad puede ser intensa, a la vez que ésta puede ser enfrentada como una emoción pasajera, ya que hay algo más grande que nosotros mismos, lejos del ego, la autorreferencia y la autocompasión.
Desde otra mirada, Proyecto Fin del Mundo tiene raíces en otros filmes emblemáticos del género de la ciencia ficción, en especial de Silent Running del mago de los efectos especiales Douglas Trumbull (2001: Odisea en el Espacio, Blade Runner). En esta obra el actor Bruce Dern interpretaba a un botánico que buscaba salvar el último vestigio de bosques y plantas del mundo. Esta historia también hablaba de la soledad, de la culpa y de la necesidad de responder a un propósito más grande que uno mismo, siempre al ritmo de las canciones folk de Joan Baez. Los paralelismos con Proyecto Fin del Mundo son indudables, a la vez que refuerza la importancia de una buena y original historia entre manos.
Los cineastas Phil Lord y Christopher Miller con Proyecto Fin del Mundo crearon un filme importante, entrañable y con muchos significados sobre la fragilidad de nuestra humanidad y, probablemente, sobre los desafíos que enfrentaremos en el futuro. Disfruté el espectáculo que nos ofrecen, pero lo que más me impacto no fueron los grandes escenarios o la escala técnica de la película, sino más bien la intimidad, humanidad y afecto entre dos protagonistas que te dejan con la esperanza de que el mundo puede prosperar a partir de lo mejor de cada uno de nosotros.
Título original: Project Hail Mary (Proyecto Fin del Mundo) / Directores: Phil Lord y Christopher Miller / Intérpretes: Ryan Gosling, Sandra Hüller, Milana Vayntrub, Ken Leung y James Ortiz / Año: 2026.




