A veces hay películas que en forma inexplicable vemos una y otra vez. Aquello no necesariamente por ser obras premiadas o alabadas por la crítica, sino más bien porque algo nos conecta con nuestra propia identidad. Me gusta pensar que se trata de una especie de hechizo audiovisual o bien a partir de una interpretación que nos conmueve o quizá se deba a que en su conjunto todos los personajes de una película confluyen hacia contenidos que son importantes para los espectadores.

En esta oportunidad quiero hablar sobre una de estas películas, la que cada cierto tiempo veo por streaming o en formato físico de un dvd de la colección MGM que atesoro con el alma. Me refiero a Valle de Ilusiones del cineasta Tony Bill, quien fue junto a Michael Phillips y Julia Phillips productores del célebre filme El Golpe de George Roy Hill. Tony Bill también fue director de capítulos de series como Chicago Hope y Leverage, a la vez que incursionó en películas poco conocidas con la excepción de Corazón Indomable, Mi Guardaespaldas con un joven Matt Dillon y Five Corners. Uno de sus mejores filmes fue Valle de Ilusiones sobre Frances Lacey, una viuda madura y sus seis hijos que buscan desesperadamente una casa para vivir. La historia son los recuerdos del hijo mayor, quien rememora los sacrificios realizados por su familia y sus hermanos para conformar algo propio y único que definiría sus respectivas identidades.

En Valle de Ilusiones, Frances Lacey es interpretada con determinación por Kathy Bates, quien venía de ganar el Oscar a la Mejor Actriz por Misery de Rob Reiner. El filme es un relato típico sobre esperanzas, dolores y amarguras de parte de personas que no tienen nada. Son parte del último escalafón de la sociedad estadounidense que busca ser parte de aquel exitismo tan propio de su cultura, en especial de la década de los años 60.  Además, el filme se sustenta en las experiencias de Patrick Sheane Duncan (Nick of Time, Valor Bajo Fuego), quien desarrolla un guion que podría haber dado como resultado una historia repleta de cursilerías y terrenos comunes. Sin embargo, el director Tony Bill logró todo lo contrario, ya que su filme sobresale por su honestidad, y por escenas que muestran el empuje de muchas familias para lograr, siempre con dignidad y aplomo, la casa de sus sueños.

Valle de Ilusiones es el carisma de cada uno de sus jóvenes intérpretes, en especial de un joven Edward Furlong antes de caer en el olvido producto de las drogas y de películas de dudosa calidad. Sus escenas con Kathy Bates son los puntos altos del filme, así como los parajes de Hankston, Idaho, un pueblo ficticio en donde la familia Lacey descubrirá nuevas oportunidades para subsistir y prosperar. Uno de los elementos que más me conmueven de esta película es ver cómo cada hijo, cada integrante de la familia, contribuye a un resultado mayor que está por sobre ellos. Hay esfuerzo, compromiso y también una mirada de optimismo hacia el presente y futuro, independiente de los dolores y las frustraciones acumuladas. Los hijos de la familia Lacey se ven obligados a crecer más rápido de los normal, si bien aceptan su nuevo destino ante la promesa de un hogar permanente. En mi vida laboral he trabajado con constructoras e inmobiliarias, en especial las que se dedican al desarrollo de viviendas sociales. A través de entrevistas he podido sentir la alegría de muchas personas que desde su total anonimato consiguen sentirse parte de algo gracias a su nueva casa, un lugar en donde pueden crecer como familias y también como padres e hijos. Es la fuerza de lo propio gracias al esfuerzo y la dedicación. Todos esos sentimientos están presentes en Valle de Ilusiones, lo que hace al filme una historia muy auténtica y directa, y siempre con el nostálgico score compuesto por Michael Convertino.

Tony Bill con Valle de Ilusiones realizó uno de los filmes más auténticos de la década de los 90. Es una joya perdida que está ahí para ser rescatada por los espectadores o bien por cualquier persona que desee disfrutar de una historia familiar de esfuerzo y abnegación. Sin duda, es uno de mis filmes predilectos de aquella época, en especial por la honestidad de la historia que vemos y sentimos en pantalla. Es una historia sobre cómo podemos aprender sobre nosotros mismos ante los momentos más difíciles de nuestras vidas.

Título original: A Home of Our Own (También conocida como Un Hogar Propio y Valle de Ilusiones) / Director: Tony Bill / Intérpretes: Kathy Bates, Edward Furlong, Clarissa Lassig, Miles Feulner, Sarah Schaub, Amy Sakasitz, T.J. Lowther, Tony Campisi y Soo-Tek Oh / Año: 1993.