El Nuevo Cine Australiano o Nueva Ola Australiana se forjó a partir de cineastas como George Miller, Peter Weir, Gillian Armstrong, Phillip Noyce, Russell Mulcahy, Richard Franklin, John Duigan y Bruce Beresford. Todos estos nombres realizaron filmes en torno a diversos tópicos vinculados a la idiosincrasia australiana y también se atrevieron a explorar nuevos géneros como el terror fantástico en el caso de Franklin con Patrick y Mulcahy con Razorback. Desde mi perspectiva, me atrevo a decir que obras como Walkabout (coproducción australiana-británica de 1971) del británico Nicolas Roeg y Wake in Fright (1971) del canadiense Ted Kotcheff perfilaron nuevas formas para contar historias en el cine australiano, alejándolas del clasicismo audiovisual y teniendo presente nuevos significados, así como las preocupaciones e intereses de las audiencias. Además, la película Picnic at Hanging Rock (1975) de Peter Weir representó un punto de inflexión en la forma de hacer cine del país oceánico a partir de una historia que fue un éxito de crítica y comercial.

En este comentario de Espectador Errante quiero referirme a Fred Schepisi, importante referente de la Nueva Ola Australiana y que en 1978 estrenó uno de los filmes más cautivadores del cine australiano. El Canto de Jimmie Blacksmith, exploró las adversas realidades que experimentaron los aborígenes australianos en el año 1900, en un periodo en el cual eran evangelizados a partir de las costumbres anglosajonas. Todo lo anterior a través de la historia de Jimmie Blacksmith (Tom E. Lewis), un joven mestizo que es abusado en reiteradas ocasiones por diversas personas. La propuesta de Schepisi habla de rabia contenida, de injusticias y de diferencias en medio de una sociedad racista y absolutista en sus creencias. Jimmie Blacksmith sufre en carne propia una explotación social permanente y sistematizada hasta que un día explota desencadenando hechos de absoluta violencia junto con la persecución de la policía.

El Canto de Jimmie Blacksmith se basa en la novela homónima de Thomas Keneallym, quien es más conocido por haber sido el autor de la obra en que se sustentó La Lista de Schindler de Steven Spielberg. Su relato, además, toma elementos de la historia real de Jimmy Governor, indígena australiano que cometió una serie de asesinatos en 1900. Más allá de estos antecedentes históricos, El Canto de Jimmie Blacksmith adquiere una entidad propia, en especial al mostrar la vida rural de los australianos, así como sus dinámicas de poder en torno a instituciones y terratenientes.

La cámara de Schepisi registra las costumbres de la sociedad australiana de la época en medio de los vastos parajes del campo. Prevalece una sensación de escasez, de poca comunicación y de individualidad, además de otras costumbres como el abuso del licor. Todos estos elementos son heredados a los propios indígenas, destruyendo su colectividad y sentido de comunidad. Jimmy Blacksmith trata de ser como sus pares blancos, adoptando su estilo de vida, es decir, las exigencias sociales para poder prosperar. Sin embargo, y por más intentos que haga, nunca logrará encajar y siempre será una burla o testimonio de la supuesta decadencia del hombre blanco por el hecho de ser un mestizo. Al final, Blacksmith también se hace participe de la violencia y del exceso injustificado en medio de un asesinato que podría considerarse una de las escenas más cruentas del cine de los años setenta. Ésta fue filmada con un estilo casi documental exacerbándose, a través de diversos planos, la bestialidad de un hombre que fue puesto al límite. Sus acciones no se justifican de ninguna manera, pero sí logramos comprender su hastío y frustraciones.

Gran parte de la autenticidad de El Canto de Jimmie Blacksmith está en su protagonista, quien no era un actor profesional. Fred Schepisi y, en especial, su señora, vieron en Tommy Lewis una posibilidad y también un testimonio de vida que podía verse bien y apropiado para la pantalla grande. Estuvieron absolutamente en lo correcto, ya que el carisma del entonces novel actor otorgó de mucha autenticidad al filme. Su sufrimiento, rabia y excesos, sin duda, calan hondo desde nuestra perspectiva de espectadores.

Fred Schepisi realizó varias películas. Podríamos catalogar sus obras entre aquellas que fueron absolutamente de “encargo” como las comedias Roxanne, Criaturas Feroces y Mr. Baseball, las que tuvieron dispares resultados. Ahora bien, dentro de su filmografía podemos ver otras películas muy valiosas que corresponden a intereses sociales. Entre ellas están Seis Grados de Separación, la notable La Casa Rusia y Iceman. A este último grupo también sumo Un Llanto en la Oscuridad y, en primer lugar, a El Canto de Jimmie Blacksmith ya que este filme representó un duro golpe a la hipocresía de la sociedad australiana de fines de los años 70 hasta el punto de que Schepisi decidió irse del país por algunos años. Estamos ante una obra que es clave para comprender el cine australiano, así como sus implicancias sociales y de estilo a nivel narrativo y audiovisual.

Título original: The Chant of Jimmie Blacksmith / Director: Fred Schepisi / Intérpretes: Tommy Lewis, Angela Punch McGregor, Ray Barrett, Jack Thompson, Peter Carroll y Ruth Cracknell / Año: 1978.